Carta d’una usuària del CAP de Montcada. Fàtima i l’helicòpter.

Article publicat el 28 octubre, 2013 a la web de Alba Muñoz. Veïna  i usuària del CAP de Montcada.

Fotografia: Sergi ArgelésEste no es un artículo periodístico. Es una carta que necesito escribir acerca de la muerte prematura de la bebé Fátima, el pasado 17 de octubre, en el municipio catalán de Montcada i Reixac. Esta ciudad dormitorio, símbolo de la contaminación del Área Metropolitana de Barcelona, es mi pueblo.

Toda mi vida sanitaria se ha desarrollado en las dependencias del Centro de Atención Primaria (CAP) en el que Fátima murió.

Cuando me llegó la noticia, y temiendo que la prensa no la cubriera, llamé a Fidel  Alonso, el portavoz de la familia. Encontré su número de móvil el un comunicado que se difundió por Facebook. Fidel es vecino de la familia de Fátima, del barrio de Cant Sant Joan (Montcada-Bifurcación). El hombre estaba desesperado ante tantas llamadas de periodistas. Casi se ahogaba al teléfono. “Yo no soy el padre. Es que ellos no hablan nada de español y están destrozados”. Los padres de Fátima son de Gambia.

No voy a explicar aquí, en detalle, cómo fueron los hechos, porque nadie lo sabe y esto no es un reportaje de investigación. Haré una lista con los hechos generales aceptados por todas las partes.

 – Fátima tenía entre dos y tres meses de edad. 

– Fátima estaba enferma, tenía un resfriado.

– Sus padres la llevaron al médico en dos ocasiones antes de su muerte, los días 14 y 16 de octubre.

– El día que murió, la familia acudió al CAP a primera hora de la mañana para que la niña fuera atendida después de pasar una mala noche.

– La familia dice que llegó a las 08.55 de la mañana y que fueron atendidos a las 10.40. Desde el Institut Català de la Salut (ICS) se afirma que llegaron a las 10.23 y que fueron atendidos a las 10.35.

– El ICS asegura que la niña fue atendida correctamente, incluso de forma “encomiable”.

– En el CAP de Montcada i Reixac no hay servicio de urgencias nocturnas desde el 18 de julio de 2011. Carece, también, de las dos ambulancias que tenía a su disposición.

– En Montcada i Reixac viven unas 35.000 personas.

Cuando comprobé de la avalancha mediática, desistí de investigar o cubrir la noticia. En vez de eso he ido recogiendo todo lo publicado al respecto. Sin embargo, hay algunas cosas que no se han dicho, y antes de que el silencio se pose sobre este triste suceso, quisiera hacer algunas consideraciones.

1. Como vecina de Montcada i Reixac, llevo sufriendo una atención primaria mediocre o directamente negligente toda mi vida. El CAP de Montcada i Reixac jamás ha sido ejemplo de nada, y tengo demasiados testimonios cercanos que lo corroboran. Sin ir más lejos, las mujeres de Montcada no tenemos ginecólogo. Para ello tenemos que ir a Cerdanyola del Vallès, el municipio vecino (57.000 habitantes).

2. Hay algo en lo que Fátima ha tenido suerte. El ambulatorio de Montcada ha reducido el número de pediatras hasta quedarse en uno. Se llegó al extremo de que, cuando éste cogió la baja laboral durante seis meses, el ICS no lo sustituyó. Así que al menos a Fátima la intentó reanimar un pediatra.

3. Tampoco el nuevo CAP Les Indianes, inaugurado por el alcalde del PSC César Arrizabalaga, que dimitió por el “caso Pretoria” ha solucionado demasiado, pues al no haber inversión, no se ha convertido en el “hospital” que iba a ser, y que debía prestar atención a otro barrio del municipio (Montcada está partida en muchos barrios debido a múltiples líneas de tren, autovías y autopistas que la cruzan. Podría decirse que, en la salida de Barcelona, Montcada estaba en medio).

4. A mí me ha pasado bastantes veces lo que según sus padres le ocurrió a Fátima. Voy al CAP en horario de atención para acceder al servicio de urgencias. La persona que registra la llegada y toma nota de mi tarjeta sanitaria (un trabajador/a que no forma parte del personal sanitario y que, por lo tanto, no hace criba sobre el estado de los pacientes), me dice que me llamarán. En esta situación, afirmaría que la única forma de que en este CAP se ordenen las urgencias según la “urgencia” del paciente (como sí se hace, por ejemplo, en los CAPs de Barcelona a los que he tenido que ir), es caerse directamente al suelo y que todos los que llevan batas blancas tengan que venir corriendo, alertados, esta vez sí, por el gestor.
Pues bien, varias veces ese gestor me ha dicho que “no hay nadie ahora”. Incluso que el médico de urgencias se había ido a desayunar. Es decir, que en horario de urgencias, no había urgencias.
El gestor de las urgencias podría haber deducido, por el historial de Fátima, que era una bebé de dos meses que llevaba varios días enferma. Pero el “gestor” no es médico y hace lo que le mandan.

5. Por alguna razón creo a los padres de Fátima cuando dicen que estuvieron casi dos horas esperando (los colapsos son habituales en este centro). Otra razón es que, la réplica que el ICS emitió sobre la tardanza en la atención de la niña (los 12 minutos en los que según su registro Fátima fue atendida), sólo fue reproducida por la televisión pública catalana  (a parte, claro, del propio comunicado oficial). Con lo bonitos que hubieran quedado titulares como: “La bebé muerta tardó diez minutos en ser atendida”.

6. Cuando Fátima entró a la consulta ya estaba muerta. Poco después llegaron los Mossos de Escuadra y dos ambulancias. También, por primera vez en la historia de este pueblo de extrarradio, un helicóptero aterrizó en la  misma plaza del ambulatorio, la Plaça Lluís Companys. Un dispositivo desmesurado cuando ya era tarde. Unas aspas que parecían, desde el principio, estar pidiendo perdón.

Desconozco si los padres de Fátima tienen permiso de residencia, “papeles”. No he querido preguntárselo a Fidel, el angustiado portavoz, que se encargó de explicar a todos los periodistas que eran gente “prudente, que hacía mucho caso”. Lo que creo que Fidel quiso decir es que los padres de Fátima tienen miedo, igual que muchos migrantes en este país. Si nuestros derechos han sido recortados, los suyos aún más. Y ya sabemos cuál es el mayor miedo de los que no han conseguido regularizar su situación en España, con hijos por medio.

Los padres de Fátima no alzaron la voz, y esperaron. Obedecieron a un sistema sanitario escuálido que no pudo enviar a su hija en ambulancia al hospital. No hicieron todo lo que los catalanes haríamos ante una situación así: Gritar, llamar la atención, exigir que alguien se ocupe de nuestro bebé (desgraciadamente, las actitudes beligerantes pueden salvar la vida de nuestros seres queridos en la muy diversa red de CAPs de Catalunya).

La familia ha interpuesto una denuncia, y ya hay gente en el pueblo que dice que lo que quieren “los negros” es dinero. También hay gente que puede imaginar lo que ocurrió, aunque no lo sepa a ciencia cierta, y apoya a una familia que no grita como lo haría cualquier catalán al que se le acaba de morir su hija recién nacida. El quejido de esta familia de Gambia (y las acciones legales) han sido arrancados por la multitud. Ellos habrían preferido callar.

Anuncis

One response to “Carta d’una usuària del CAP de Montcada. Fàtima i l’helicòpter.

  1. Una persona normal no tiene a un bebé 3 días con fiebre!
    A la mínima te la llevas a vall d’hebrón.
    Tenemos un ambulatorio q no da pena,da asco!
    A parte de pocos servicios no son profesionales!
    Por eso a la mínima es mejor ir al cap de ripollet donde te atienden amablemente o a vall d’hebrón.
    Para el servicio q presta éste ambulatorio,q es nulo,preferiría q lo cerrasen!!!

    M'agrada

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